La última línea

Esnifó la última línea de cocaína, pasó su dedo por el celofán y se frotó las sobras en los dientes dormidos. Su respiración se entrecortó en un espasmo de éxtasis. Prendió un cigarrillo, aspiró profundamente y el humo caliente ingresó por la garganta anestesiada. Su corazón aumentó las pulsaciones. Su audición se agudizó. Se tumbó al piso y espió por la rendija de la puerta. Alguien lo acechaba. Estaba seguro. Los pasos del otro lado de la puerta le dieron pánico. Comenzó a caminar en círculos sin saber qué hacer. Se sentó y prendió otro cigarrillo. El doctor entró y vio a Rubén con ojos esquivos y su dedo índice y anular sobre su boca fumando un cigarrillo imaginario. Amablemente le siguió el juego, se lo sacó y lo apagó en un cenicero invisible. Le acomodó la vía intravenosa y le administró Midazolam para dormirlo.

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