La última llamada

Atendió el teléfono sabiendo que era él. Escuchó por enésima vez su respiración entrecortada por la angustia. Esta vez no le cortó. Esperó a ver si le hablaba, pero solo se limitó a exhalar dolor. Cerró los ojos y trató de imaginárselo: sentado en el sillón de mimbre, la corbata floja, su dedo índice revolviendo el hielo del whisky y su cara empapada de lágrimas. Después de diez años conocía todos sus hábitos. Le dio lastima, pero ella ya había decidido. “Basta, no me llames más, ya te dije que lo nuestro terminó” le dijo con una voz dulce. El estallido de la Smith & Wesson calibre 38 del otro lado de la línea la ensordeció, y un zumbido agudo en su oído derecho le quedaría por siempre como una herida de culpa.

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