El Tao

Armó un bolso improvisado y salió a la ruta. Buscaba escapar de una vida sin sentido. El sistema le parecía ridículo y perverso. Llegó a las sierras andinas. Se encontró con el chamán. Hicieron un ritual de ayahuasca. Las dimensiones se le abrían ante sus ojos como un caleidoscopio. La respuesta a un todo se le presentaba en sensaciones. Entendió su condición de ser humano, de energía, de vibración. Entendió el por qué de esta realidad. Amaneció arropado con una frazada toda embarrada en la cima de la montaña. El chamán lo esperaba con un té de hierbas calentado a las brasas de unos troncos. Volvió a la ciudad. Quiso explicar lo que aprendió en el viaje, pero no pudo. Se dio cuenta que no se podía explicar, solo experimentar. Las respuestas no vinieron en nuestro idioma. El entendimiento era sensorial. Su alma quedó atrapada en otra dimensión. No hablo nunca más. Hoy pasa sus días en la cama 44 del hospital psiquiátrico José Tiburcio Borda.

«El Tao que se puede expresar en palabras no es el verdadero Tao» Lao Tse.

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